La iniciativa establece principios, niveles de riesgo y recomendaciones prácticas para integrar la inteligencia artificial generativa en la educación superior con un enfoque ético, crítico y pedagógico.
La Universidad Nacional de Cuyo dio un paso clave en la incorporación de tecnologías emergentes al sistema educativo al presentar una guía institucional para el uso responsable de la inteligencia artificial generativa (IAG).
El documento busca acompañar a docentes, estudiantes, investigadores y personal administrativo en la adopción de estas herramientas, cada vez más presentes en los procesos de enseñanza, aprendizaje, investigación y gestión.
La propuesta surge de un trabajo conjunto entre la Secretaría Académica y la Dirección de Educación a Distancia, y plantea un marco que combina principios éticos con criterios concretos de uso.
Entre los lineamientos centrales se destacan la autoría responsable, la transparencia, la verificación de la información, la protección de datos personales, la supervisión humana en decisiones críticas y la promoción de un uso inclusivo y sostenible.
Tres niveles de uso según el riesgo
Uno de los aportes más relevantes de la guía es la clasificación de la IAG en tres niveles de uso, definidos según su impacto y el tipo de información involucrada.
En un nivel básico, se habilitan aplicaciones cotidianas como corrección de textos, traducciones, generación de ideas o resúmenes de contenido público, siempre que no impliquen datos sensibles ni decisiones evaluativas.
En un nivel intermedio, se contempla el uso para la elaboración de borradores de clases, informes o documentos administrativos, donde la revisión humana crítica es indispensable.
El nivel más alto está reservado para situaciones sensibles, como el uso de datos personales o la automatización de decisiones académicas.
En estos casos, la normativa exige validación humana obligatoria, declaración explícita del uso de la herramienta y cumplimiento estricto de los principios institucionales.
Además, desaconseja el uso exclusivo de sistemas automatizados para evaluar o definir trayectorias académicas.

Reglas claras para cada actor universitario
La guía también incorpora recomendaciones específicas según el rol dentro de la comunidad universitaria.
Para docentes, la IAG puede ser un recurso para mejorar materiales y planificar clases, pero sin reemplazar el criterio pedagógico.
En estudiantes, se promueve su uso como herramienta de apoyo, aunque se limita su aplicación en instancias evaluativas no autorizadas.
En el campo de la investigación, la inteligencia artificial debe utilizarse como soporte instrumental, sin delegar decisiones metodológicas o analíticas. En tanto, en la gestión administrativa se habilita para optimizar procesos, con revisión humana y resguardo de la información como condiciones indispensables.
Transparencia, control y actualización permanente
Otro eje clave es la necesidad de transparentar el uso de la inteligencia artificial en producciones académicas e institucionales, detallando qué herramienta se utilizó, con qué objetivo y bajo qué tipo de intervención. Este criterio apunta a fortalecer la trazabilidad y la integridad académica.
Además, la Universidad prevé que cada unidad académica adapte la implementación a sus particularidades y que un grupo de referentes institucionales actualice periódicamente la guía, en función de los avances tecnológicos.
Lejos de restringir el uso de estas herramientas, la iniciativa busca fomentar una adopción consciente y contextualizada de la inteligencia artificial, promoviendo el pensamiento crítico, la creatividad y la calidad educativa.
De este modo, la Universidad Nacional de Cuyo reafirma su compromiso con una educación pública que integra innovación tecnológica sin perder de vista la equidad, la transparencia y la responsabilidad social.















